Centro de Formación y Producción Agro-urbano

Pablo Brandolini Robertone

Ícono

Todos los días en la ciudad de Rafaela, se sirven entre 250.000 y 300.000 comidas. Eso significa cientos, sino miles, de camiones arribando a una gran cantidad de tiendas, supermercados, restaurantes y miles de consumidores moviéndose por la ciudad para adquirir esos productos, en lo que es una compleja y estrechamente programada orquesta de producción, transporte y distribución. Hoy en día, casi la totalidad del alimento que consumimos es procesado en algún lugar a cientos o miles de kilómetros de nuestra mesa, lo que abre paso a un sistema insostenible en el tiempo. No tenemos contacto con el alimento sino hasta que lo compramos o consumimos.
Lo que se pretende del CFPAU es que actúe como puente, rompiendo con el binomio campo-ciudad y permitiendo insertar a la producción agrícola al paisaje urbano.
El CFPAU se presenta así como un catalizador de la multifuncionalidad latente en la agricultura urbana. En primera instancia el centro se avoca a mejorar la seguridad y soberanía alimentaria de la población cercana aumentando la accesibilidad a alimentos de calidad, mientras genera una nueva fuente de ingresos. Tiene un rol ambiental, evitando que se reduzca el porcentaje de espacio verde en la ciudad además de que genera un aporte al espacio público ya que son lxs mismos huerterxs lxs encargadxs de cuidar esos espacios. Ademas el centro absorveria actividades educativas, tanto de formación en oficios como educación para las escuelas. Este espacio apunta también a fortalecer los lazos comunitarios entre los actores de la ciudad ya que acercaria a productorxs y consumidorxs y ayudaría a crear redes de colaboración. En materia de género puede ayudar a mujeres y jóvenes a ganar independencia ya que es una actividad que requiere poco capital inicial y puede realizarse en cercanía al hogar y en combinación con otras tareas.

Pablo Brandolini Robertone

Contexto

El modelo de urbanización occidental tiende a esparcirse por el territorio absorbiendo zonas rurales y transformandolas en suburbios residenciales monofuncionales, negando totalmente la relación existente entre campo y ciudad. Las ciudades en crecimiento tienen la tendencia a ocupar los espacios urbanos sin construir cuya presencia parece “injustificada”, expulsando de esta manera las áreas de cultivo hacia afuera de los límites de la ciudad.
Todas las áreas verdes abiertas en la ciudad están cumpliendo de alguna forma u otra un rol en el sistema urbano (absorción de agua, generación de paisaje, control de temperatura, etc) el problema surge cuando estas áreas no generan valor económico o de uso percibido por la sociedad.
En este caso nos concentramos en el vacío comprendido entre las calles Gabriel Maggi, Aconcagua, Ramón y Cajal y Ciclovía. Este vacío se encuentra en el área periurbana de la ciudad rodeado por diferentes barrios consolidados o en proceso de consolidación en 3 de sus lados y por el área rural del departamento en el restante. Este vacío se destaca además, por ser atravesado por la ciclovía principal de la ciudad en uno de sus lados y por el desvío de tránsito pesado por el otro lo que genera una alta conexión tanto con el centro de la ciudad como con la región.
Estos barrios son de los más pobres de la ciudad, entendiendo a la pobreza en su concepto multidimensional y no solo como una medida de ingresos. La crisis económica y las políticas de ajuste estructural introducidas en los países en desarrollo han tenido un impacto desproporcionado sobre los pobres urbanos, especialmente las mujeres, y han generado un aumento en los precios de los comestibles, una caída de los salarios reales, una redundancia en el mercado formal del empleo, reducciones en los subsidios alimentarios para los consumidores urbanos y mayores recortes de los gastos públicos en servicios básicos e infraestructura. A esto podemos agregar que en un sistema pensado desde la pobreza estructural y la división de clases, la ciudad no está ideada para alimentar a su población de manera sostenible, sino que ésta sigue siendo una mercancía al servicio de las clases dominantes.


Materia

Se plantea el binomio “armar-desarmar” por sobre el paradigma “construir-destruir”, basándonos también en el principio de lo efímero y de lo incierto. Los elementos de la arquitectura deben ser capaces de mutar en función de la necesidad , capaces de ser actualizados tecnológicamente y capaces de ser reutilizados cuando termine su ciclo de funcionamiento.
Se adopta entonces un módulo-marco de 3,5m x 3,5m x 3,5m de estructura metálica generando una estructura-soporte abstracta y repetible, que mediante la aplicación de diferentes capas tecnológicas y su combinación con otros módulos irán dando forma a los diferentes espacios del conjunto.
Todo el conjunto está pensado como un sistema circular intentando generar la menor huella ecológica en el entorno. Contando con un sistema de captación de energía solar, captación y reutilización de agua de lluvia y aguas grises para el riego y la limpieza, aprovechamiento de los vientos dominantes para favorecer la ventilación cruzada y un sistema para generar abono a partir de los residuos orgánicos generados en las huertas, el mercado y los talleres y los recolectados en los baños secos.


Sistema

“Descubrir cuáles son las necesidades mínimas y hacer el proyecto partiendo de aquí, en forma tan libre y, poco ajustada que permita dar cabida a todas las diferencias, preferencias y cambios posibles, incluso las accidentales e imprevisibles. El diseñador debería renunciar a una parte de su control absoluto y concentrar su capacidad en el diseño de marcos” (Roberto Kuri).

El programa fue pensado para que el edificio funcione como un sistema vivo, donde cada parte se interrelacione con la otra para así, poder sacarle el mayor provecho a las virtudes que ofrece la agricultura urbana.
Las funciones se dividen en cuatro áreas programáticas: una de producción (talleres, huertas, cooperativa, mercado), otra de formación (aulas, biblioteca, talleres, centro de interpretación), una comunitaria (guardería, comedor comunitario, salon de eventos) y la última de administración. Estas áreas, a su vez se distribuyen en tres unidades funcionales organizadas a lo largo del corredor principal: el área comunitaria, el mercado y la cooperativa.
El corredor principal actúa como articulador de todas las actividades, conecta las diferentes funciones y actúa como bisagra entre el espacio público, y el espacio productivo.


Vínculos

El espacio es un dispositivo de poder, capaz de influir en las acciones de las personas.La arquitectura permite, restringe, dispone u obliga. En este caso el objetivo es que la arquitectura funcione como ventana para descubrir todos los procesos y actores presentes en el espacio, y que cumplen roles fundamentales en la producción y funcionamiento de la ciudad.
Uno de los principales objetivos del conjunto es permitirle a quien visite el mercado observar todas las etapas del proceso de extraccion, y elaboracion de los productos que allí va a adquirir, es por eso que el mercado funciona como “panóptico” del conjunto, desde allí se puede tomar contacto de forma directa con lxs huerterxs en las huertas, observar los talleres de produccion, el almacigo y el banco de semillas, y puede visibilizarse a través del corredor principal todo el dinamismo y movimiento de la cooperativa.
Los talleres del centro se destacan por poseer la posibilidad de variar la forma en la que se utilizan y de relacionan con el conjunto: cuando permanecen cerrados hacia el mercado funcionan como los talleres de producción de la cooperativa, o como aulas taller del centro de formacion, pudiendo lxs compradores del mercado observar todo lo que se produce en el interior (que luego seran los productos que estos compraran), pero cuando se abren hacia el mercado quienes lo visitan pueden participar de clases abiertas o demostraciones en vivo de cocina o cosmética natural.


Investigación

Es posible decir que el urbanismo y la agricultura nacieron juntas, hace aproximadamente 10.000 años en lo que conocemos como “La medialuna fertil”. Carolyn Steel habla de las primeras ciudades y toma como ejemplo a Ur, explica que eran asentamientos compactos, rodeados de cultivos, dominados por complejos de templos.
Pero aquella idea de templo no es la misma que compartimos hoy, eran más bien “Centros de distribución de comida espiritualizados”, allí se organizaban las cosechas, se reunía el grano, se distribuía el alimento entre los dioses y la gente, al mismo tiempo que, se realizaban festividades y rituales. La vida de estas ciudades estaba dominada por la agricultura, la agricultura era netamente urbana.
¿Pero qué entendemos hoy por agricultura urbana? Luc Mougeot nos dice que el concepto de agricultura urbana se encuentra atravesado por una compleja red de factores continuamente en discusión pero que “la característica principal de la Agricultura Urbana que la distingue de la agricultura rural es su integración en el sistema económico y ecológico urbano (…) el hecho que está integrada e interactúa con el ecosistema urbano.”
Drescher, Jacobi y Amend argumentan que los ambientes rural y urbano “funcionan como un sistema (en conjunto) y no de forma independiente” y que es por ello que debemos eliminar las barreras artificiales, tanto físicas como conceptuales que separan la ciudad del campo.
La idea sería entonces hacer una marcha atrás a esa emancipación de la geografía, a la que Steel se refería, y que la ciudad ha llevado adelante desde la revolución industrial.
Pero podríamos verlo desde otro lugar, tal vez no fue una emancipación de la geografía lo que se generó, sino una negación de esta, la ilusión de pensar que la ciudad es autónoma y todo su universo se reduce a sus límites. Como dice William Cronon en Nature’s Metropolis, “la historia de una ciudad debe ser también la historia de sus alrededores rurales y la del mundo natural en el que tanto la ciudad como su campo se ubican”
Por su parte, Steel, haciendo referencia a la Utopía de Thomas More, introduce la idea de Sitópia, una ciudad donde la comida está en el centro de la vida. Esta ciudad tiene sus características propias: los mercados serían los centros de la vida social, donde se vendería la comida producida localmente; la comida ahora sería parte del paisaje y anónima “en algún lugar”; en Sitópia existiría gente que se tome el tiempo de pensar sobre la comida – y estas personas no serian solo mujeres -; lxs niñxs estarían en contacto con la comida desde pequeños, el mismo entorno les educaría sobre la alimentación.
Es, en definitiva “usar la comida como una forma de ver (…) dejar de ver a la ciudad como grandes manchas metropolitanas improductivas y más como parte del marco orgánico productivo del que son parte (…) conectadas simbióticamente”.

Prácticas Académicas

Ficha Técnica

Sustentabilidad física y social

Pablo Brandolini Robertone

FA-UCSF

Arquitectura v

Jorge Alegre, Daniel Henzen

Tutora: Arq. Luciana Tessio

FA-UCSF

5to (2017)

06/08/17

23/04/18

4501m2